Hoy quiero decir lo que no me he atrevido a reconocer, ni siquiera adentro de mí. Y al escribir esta entrada creo que estoy dando pasos. Por lo menos lo estoy reconociendo y comienzo a externarlo.
Hoy sentí envidia y lloré. Vi a un papá abrazando a su hija grande y vi a ésta recargándose sobre su regazo y surgieron emociones en mi. Primero, no las sentí. Sólo estaba siendo observadora, pero después llegaron y con ellas mis lágrimas. La verdad es que extraño mucho a mi papá. Sé que la muerte de un ser querido es algo que todas las familias enfrentan en algún momento. Y bueno, mi papá ya tiene tiempo que no está aquí. Se que está en un lugar mejor, estoy segura. De todas maneras no deja de hacerme falta.
Sobre todo ahora, que casi todas las imágenes de buenos hombres en mi vida se han caído.
Yo se que una persona madura aprende de los dolores, de los errores, de las experiencias propias y de otros. Y he tratado de madurar y tomar en serio mi papel y lugar, hoy en este mundo tan loco. Pero hay momentos, como el de hace rato, donde simplemente surgen las lágrimas, porque pasa algo que me evidencia cuanto desearía volver a verlo y abrazarlo y sentirme segura, sólo porque él está a mi lado.
Tal vez, esa parte de mi vida no está sana al día de hoy. Quizá porque yo misma no le he permitido sanar al negarme a aceptar que ha sido algo difícil de manejar para mi. Quizá me he engañado pensando que su muerte ha sido una prueba superada. Pero resulta que hoy me doy cuenta que no es así. Me encuentro deseando, como una niña chiquita, estar con mi papá.
Cómo desearía que él hubiera estado presente este viernes, en mi ceremonia de graduación. Estoy segura que se hubiera sentido muy orgulloso de mi.
Hay momentos en que podemos pretender ser alguien, que queremos ser pero que todavía no somos. Pero a veces... a veces simplemente se caen nuestras caretas y fachadas y nos logramos ver como realmente somos, simples niños con necesidades y toda la capacidad de amar sin reservas, sin prejuicios, sin engaños. Hoy al observar a ese papá con su hija, se cayó mi fachada y me vi.
Hay momentos en que no puedes esconderte más de ti mismo, que va de Dios.
domingo, 14 de junio de 2009
lunes, 4 de mayo de 2009
Pensando en "The Shack"
Hola. Comienzo a escribir este blog con una pregunta en la mente. ¿Porqué quiero que alguien lea esto? Y la verdad es que en este momento no tengo una respuesta concreta. Ciertamente lo escribo para mí, pero quizá para alguien más. En algún momento...
Hace poco tiempo (semanas) me topé con La Cabaña a causa de mi madre. Ella quería que leyera este libro. Ella sabe que me gusta leer y también sabe la manera en que puedo hacer parte de mi las palabras escritas en un libro. Y debo decir que "La cabaña" me ha dejado impactada en muchos sentidos. Aunque hoy también encontré videos de predicadores que refutan terminantemente los conceptos teológicos sobre los cuales se basa, me quedo con mis conclusiones. Hoy al ver algunos videos del testimonio de su autor (W. Paul Young), no puedo evitar sentirme identificada con sus palabras y con su vida... el ciclo del ánimo y de desaliento y de cómo dependiendo en qué parte del ciclo te encuentras, dices verdades o mentiras. La fachada que uso para ocultar quien realmente soy y lo que realmente siento y pienso. Pero sobre todo, la constante del miedo a que la gente sepa sobre mi fachada. Este último enunciado me costó trabajo escribirlo y pasa por mi mente el borrar esas palabras, pero no lo voy a hacer, porque estoy tratando de ser honesta, al menos ahora.
La cabaña me impactó. Yo todavía no se qué es exactamente mi cabaña. Se que hay una. Y no quisiera entrar ahí. No se qué pueda encontrar. Lo que sí estoy segura es que si algún día tengo que entrar a ese lugar, no quisiera hacerlo sola. Quisiera entrar de la mano de Dios.
Para los que quieran más información sobre La Cabaña, pueden consultar:
http://www.theshackbook.com/
Hace poco tiempo (semanas) me topé con La Cabaña a causa de mi madre. Ella quería que leyera este libro. Ella sabe que me gusta leer y también sabe la manera en que puedo hacer parte de mi las palabras escritas en un libro. Y debo decir que "La cabaña" me ha dejado impactada en muchos sentidos. Aunque hoy también encontré videos de predicadores que refutan terminantemente los conceptos teológicos sobre los cuales se basa, me quedo con mis conclusiones. Hoy al ver algunos videos del testimonio de su autor (W. Paul Young), no puedo evitar sentirme identificada con sus palabras y con su vida... el ciclo del ánimo y de desaliento y de cómo dependiendo en qué parte del ciclo te encuentras, dices verdades o mentiras. La fachada que uso para ocultar quien realmente soy y lo que realmente siento y pienso. Pero sobre todo, la constante del miedo a que la gente sepa sobre mi fachada. Este último enunciado me costó trabajo escribirlo y pasa por mi mente el borrar esas palabras, pero no lo voy a hacer, porque estoy tratando de ser honesta, al menos ahora.
La cabaña me impactó. Yo todavía no se qué es exactamente mi cabaña. Se que hay una. Y no quisiera entrar ahí. No se qué pueda encontrar. Lo que sí estoy segura es que si algún día tengo que entrar a ese lugar, no quisiera hacerlo sola. Quisiera entrar de la mano de Dios.
Para los que quieran más información sobre La Cabaña, pueden consultar:
http://www.theshackbook.com/
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La Cabaña,
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The shack
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